La Creación Literaria

B. La Creación Literaria

 

                    La creación literaria es un fenómeno que se produce en todas las culturas. En algunas sólo se ha dado de manera oral, mientras que en otras se ha manifestado en forma escrita. Desde la antigüedad, el hombre se ha preocupado por descubrir los hilos que sostienen la obra artística. El primer cuerpo de reflexiones que analizó y discutió el concepto de la creación, y que describió los diversos géneros fue la Poética de Aristóteles. Existen otros tratados de este tipo como la, de Horacio, dirigida a los jóvenes hijos del noble Pisón que se iniciaban como escritores.

                    Aunque ni Aristóteles ni Horacio pretendían dictar reglas para la creación, sino meramente indagar la naturaleza de la misma, las interpretaciones posteriores les adjudicaron dicha intención. Y así surgieron las preceptivas inspiradas en las ideas clásicas, como la de Boileau, del último cuarto del siglo XVII en Francia, o como la de Luján, en el siglo XVIII en España. Este tipo de tratado ya no se acepta hoy como la única interpretación posible de las realizaciones literarias, pero es por lo menos imprudente desconocerlos cuando uno intenta aventurarse en la creación literaria. Las letras modernas registran un fenómeno expresivo muy peculiar; prácticamente cada autor crea sus propias reglas para configurar su universo artístico.

                     Hay, sin duda, tendencias y gustos que agrupan bajo un mismo espíritu a los escritores de una época, pero ni siquiera estos movimientos o escuelas los ciñen a preceptos o regulaciones. De ahí la dificultad que notan algunos lectores al enfrentarse con las obras actuales y tratar de interpretarlas. La literatura moderna exige del lector un deslinde de los elementos que el autor maneja, con el objeto de descubrir los principios en que este se apoya para sostener su creación. El lector tiene que ser también creador. El crítico catalán José María Castellet señala muy claramente, en el título de uno de sus libros de ensayos, lo que caracteriza a la literatura contemporánea: se vive La hora del lector.

                     A pesar de esta individualidad de los autores modernos, en cuanto a los moldes, existen clasificaciones para orientarse frente al fenómeno literario. Y estas resultan aun validas, tanto para aplicarlas a las obras de la antigüedad, como a las del presente. Sin Embargo, debe recordarse que la obra literaria de calidad es un universo en si misma, y como tal, contiene una variedad de combinaciones. De ahí que estas categorías solo tengan un propósito orientador que no debe considerarse definitivo. Hay múltiples ejemplos de combinaciones, en una misma obra, de las tres actitudes básicas del creador: La lírica, la épica o narrativa y la dramática. Si una de estas actitudes predomina sobre las demás, es fácil determinar a que genero pertenece la obra; pero si no fuera así, la tarea se hace complicada, y en algunos casos casi imposible.

                      Aquí hay que mencionar dos actividades estrechamente vinculadas a la literatura: el ensayo y la oratoria. Tanto el planteamiento razonado de ideas alrededor de un tema como el discurso para convencer a un auditorio o para conmoverlo por medio de la palabra, son susceptibles de caer bajo las categorías y reglas del arte literario. Para someter un material al juicio estético es necesario observar las funciones del lenguaje. De estas funciones, la primordial es la comunicación, cuyo propósito mas inmediato es servir de instrumento para expresar las necesidades humanas en su nivel utilitario. Cuando el lenguaje se emplea para expresar las concepciones del mundo interno o externo del hombre, ocurre un cambio de nivel. Aunque los moldes utilizados para estructurar el idioma son básicamente idénticos, la diferencia radica en el cuidadoso celo con que un creador eleva la expresión para sacarle el mejor partido a la palabra. El producto de este quehacer es lo que se conoce como literatura. Y a la manera singular que tiene cada autor de combinar los elementos del lenguaje y de utilizar sus posibilidades expresivas es lo que se conoce con el nombre de estilo.

                      Tanto la expresión culta como la popular pueden manifestarse en prosa o en verso. En la culta, objeto directo de los estudios literarios, el uso de un método expresivo u otro no puede asociarse exclusivamente con un género determinado; en la popular, es más frecuente el verso, como en la poesía lírica tradicional, las canciones del folklore o los romances épico-líricos tradicionales. En este siglo, por solo mencionar un par de casos en la narrativa, que comúnmente se hermana con la prosa, se tiene a El Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, y a Alfan... de Rafael Sánchez Feriosio, ambas novelas poemáticas. También hay, en épocas anteriores, teatro en verso, como el escrito durante el Siglo de Oro o en el romanticismo, mientras que en el momento actual, se escribe generalmente en prosa.