EL DISCURSO DE UN LOCO

(Una hipótesis no tan loca.)

Por Pedro Lapido Estran

               En una mañana de Julio del 2007, levanté el auricular del teléfono con fastidio de rutina; No sabía que el mensaje que escucharía, transformaría definitivamente la visión de un acontecimiento que yo venía estudiando desde un cuarto de siglo atrás.

               La Guerra de Malvinas era mi tema, entre todos los temas. Y era fácil advertirlo. En mi biblioteca, 22 libros trataban sobre ella. Montones de fascículos, apuntes, revistas, notas y fotos, acumuladas desde el mismo instante en que comenzó la contienda. Una pagina Web dedicada a la reivindicación de los veteranos, inserta en el contexto de una revista literaria y un cuadro colgado entre los libros en donde se veía a un buzo táctico argentino conduciendo a los ingleses con las manos en alto. Si, yo era -al menos- un hombre apasionado sobre el tema.

               Levanto el tubo y escucho la voz de una psicóloga amiga, que integra un equipo de psiquiatría en un hospital importante. El mensaje decía: Pedro, como parte de un programa de rehabilitación de los enfermos psiquiátricos, hemos implementado que algunos de ellos preparen un discurso sobre los temas que deseen y lo manifiesten frente a otros enfermos, médicos, y visitantes especiales. En el día de mañana alguien hablará sobre Malvinas, me parece interesante que tu estés presente. A continuación daba día, lugar y hora del evento.

               Así las cosas y reservándome los primeros pensamientos que tuve sobre mi amiga; al otro día me hallaba sentado en una sala de hospital, atiborrada de enfermos mentales, médicos, practicantes, estudiantes, enfermeros y visitantes, para escuchar el discurso de un loco.

              Al rato, un hombre de unos 50 años, enjuto, algo despeinado y de mirada escrutadora, subió al improvisado proscenio acompañado de dos enfermeros. Tomó el micrófono sin vacilaciones, esperó que cesaran algunos murmullos y comenzó a hablar:

              "Durante la guerra de Malvinas, el Papa decidió un viaje por los países en conflicto, con una declarada intención de mediación.  Cuando inició su viaje pasando primero por Gran Bretaña, (Un país no católico) la guerra ya había tenido para los ingleses un altísimo costo. Después, al trasladarse a la Argentina (Un país católico) y mientras nosotros lo agasajábamos desmedidamente, los ingleses intentaron aprovechar la distracción iniciando una fuerte ofensiva.

               Esta vez, también tuvieron grandes pérdidas. Nuestra aviación les había hundido una considerable cantidad de barcos claves, y averiado -dejándolos fuera de operatividad o reduciéndola- a otros tantos, entre los que se contaban los dos portaaviones. El desastre de la flota se compensaba en parte con el avance por tierra, que progresaba aunque a muy alto costo, ya que si bien avanzaban rápidamente en algunas zonas donde encontraban soldados mal abastecidos o mal conducidos; se encontraban absolutamente atorados en otras, donde se les oponía la infantería de marina u otros cuadros profesionales, o inclusive frente a soldados bien dirigidos y motivados como lo fueron -entre otros- los del regimiento 25 quienes fueran tomados como fuerzas especiales. Hasta los famosos Gurkas encontraron la horma de sus zapatos en Malvinas, pues -proporcionalmente-, nunca habían tenido tantas bajas en batalla, desde que combatían para los ingleses. La situación Inglesa ya era insostenible en el aspecto logístico y se aproximaba al colapso, pese a la ya evidente ayuda Norteamericana.

                La guerra de Malvinas se terminaba y el triunfo era: ¡De los Argentinos!

              Entonces... Habla el Papa. Quien traía un claro mensaje de la primer ministro Británica, respaldada obviamente por Ronald Reagan:  Gran Bretaña no podía permitirse perder una guerra con Argentina. En Inglaterra se apoyaba la defensa marítima de la OTAN contra un probable ataque Ruso.

                 Por lo tanto; o los argentinos rendían Malvinas, o el reino unido utilizaría su fuerza nuclear para ganarlas, inclusive sobre el continente si fuera necesario.

                La amenaza, concreta y posible de los Ingleses, cayó sobre la mesa de los militares argentinos, quienes en vez de investigar la posibilidad y actuar en consecuencia, llevando el hecho a los foros internacionales, colapsaron, sumergiéndose en interminables discusiones antagónicas, que se extendieron lamentablemente a las ordenes que se enviaban al frente de combate.     

               Los Argentinos ganamos la Guerra de Malvinas, Inglaterra tergiversó el resultado con un ardid y el papa fue su intermediario. Los anglosajones nos ganaron las islas, con la vaina de un facón y desde entonces... Algunos somos locos"

 

             Primero hubo un silencio absoluto en la sala. Luego, algunos enfermos gritaron. Y a continuación un nutrido aplauso acompañó el descenso del enfermo del improvisado escenario.

               Solo yo quedé tieso, mudo y pensando, que el discurso del loco, explicaba todos y cada uno de los puntos obscuros del final de una guerra, que yo estudiaba desde hacía más de 25 años...

 

Pedro Lapido Estran

Poeta y escritor Argentino                

Director de la revista Arca Blanca                  

                  

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