SOFÍA IDELIA TURRA VÁZQUEZ

 

 “Cuando La Vida Me Arrebato, Diez Años De Mi Adolescencia”

 

Cuando veo a mis tres hermanos menores, con una vida hecha, conformada con una señora que los ama, con unos hijos que los respetan, no me queda más que sonreírle a la vida…y no puedo evitar volver mis pasos sobre las huellas andadas por ellos.

Recuerdo que cuando estaba cursando el primer año de enseñanza media, tenía una amiga de curso y vecina del campamento donde vivía, ella era mi amiga Dominga, con ella caminaba al liceo todos los días.

Un día toca a mi puerta y me dice: Sofía,  tus tres hermanitos están pidiendo limosna en la población de al lado…

No creo le dije, debes de haber visto mal, ellos siempre llegaban con cosas de comer a casa, porque  se ofrecen a entrar la leña cuando los vecinos compran para calentarse en invierno, ellos estaban acostumbrado hacer ese tipo de trabajo por lo que la gente les pagara, o cortaban el pasto de los ante jardines de las casas por lo que fuera la paga, lo importante era llegar con algo a la casa.

Mi hermano Iván, el menor de los tres, tenia cinco años, Julio como siete años, y mi hermano Heriberto, como diez años.

Le digo a mi amiga Dominga que me lleve a donde los había visto, iba caminando con el alma desgarrada, hecha  pedazos, algo me decía que era probable, que algo así estuviera pasando.

Cuando por fin los diviso, me quedo mirando desde lejos para comprobar que era lo que estaban haciendo…

Mi hermanito de cinco años, tocaba una puerta, mi hermano Julio estaba dos casas más allá, mi hermano Heriberto, tenia unas bolsas entre sus manos… de pronto sale una señora y le entrega un paquete a mi hermano menor y este, se la entrega a mi otro hermano… no pude seguir mirando más, era verdad, mis hermanos estaban pidiendo limosna … llévame a casa le dije a mi amiga, llore todo el camino…   ese día la vida me robo diez años de mi adolescencia, tenia solo catorce años, y ya me había convertido en una vieja.

Cuando llegué a casa mi amiga tuvo la delicadeza de dejarme sola… tenía mucho que  pensar, desahogar mi pena, mis hermanos no tardarían en llegar a casa, ¿Qué les diría? … ¿los retaría?... Cuantas veces nos habrían llenado el estomago de esta forma? , no tendría el valor de llamarles la atención, el hambre era más fuerte, y ese fue el modo que ellos encontraron para saciarla…

Fui al baño y me lave la cara, puse la mesa como corresponde… en eso estaba cuando siento sus risas desde fuera, cuando entraron  les pregunte,  ¿y ustedes donde estaban? Mi hermano Heriberto el mayor de los tres dice: estábamos entrando leña en una casa y la señora nos dio estas cosas, en forma de pago… Vallan a lavarse las manos le dije para que pacen a tomar once. Saqué las cosas que venían en las bolsas, entre ellas venia pan de cómo unos tres días, lo moje bajo la llave y lo puse a calentar en el horno para que se ablandara. No tuve el coraje para reclamarles nada, los vi tan Felices comiendo lo que ellos habían sido capaces de aportar a la casa, que me senté al lado de ellos, tome un pan y me lo eche a la boca… fue el pan mas amargo que me he comido en mi vida…y tomando ese pan entre mis manos, me prometí, que ese seria el último pan que me comería de esa forma.

Ahora  ese niño de cinco años, tiene una familia maravillosa, una casa en Rancagua y un departamento en Constitución, un buen trabajo que mantiene por años.

Mi hermano Julio, un hombre inteligente y perseverante, se construyó una casa de tres pisos, con la ayuda de sus hijos y esposa, con un altillo que siempre soñó, con ventanales grandes mirando hacía el mar,  que después en un incendio voraz se la arrebatara con todo lo que tenia dentro, pero con esa garra y esa fuerza que sólo la tienen los hombres que saben de luchas, no se quedo en el suelo a llorar, sino de las cenizas volvió a pararse y construyo su casa en el mismo lugar, ya le construyo el segundo piso, y no me cave la menor duda que volverá a levantar su altillo.

Mi hermano Heriberto, también tiene su familia, su casa y aunque la vida ha sido más dura con el, no es menos cierto que ha salido adelante, con mucho esfuerzo.

Con esta historia quiero  decir que no importa con que te encontraste al llegar…pues ya estaba ahí cuando llegaste… pero si, en nuestras manos está la oportunidad de hacer un bello final. Ninguno de mis hermanos cayó en el alcohol o las drogas, ni siquiera fuman…se dejaron abrazar por el deporte y una vida sana.

Y así como yo, fueron moldeando sus  vidas,  tomando como referente un poco de aquí, un poco de allá, aferrándonos con uñas y dientes a las oportunidades que nos dio la vida… Tal vez con la convicción   que las oportunidades nunca se pierden,  las que dejamos pasar otros la tomarán… Todos los días podemos dar un comienzo nuevo a aquello que no nos gusta…  en nuestras manos está la oportunidad de escribir un hermoso final…Sofía